Hay una parte del viaje que muchas personas subestiman hasta que la viven. No está relacionada con el aeropuerto, el equipaje o el destino. Empieza mucho antes de aterrizar y, en muchos casos, determina cómo serán los primeros días de las vacaciones, hablamos del vuelo.
Dormir mal durante ocho, diez o doce horas de viaje no solo significa llegar cansado. Significa comenzar las vacaciones con dolor de cuello, deshidratación, dificultad para concentrarse y una sensación constante de agotamiento que puede prolongarse durante varios días. Si además viajas a un destino con varias horas de diferencia horaria, el famoso jet lag puede hacer que tu reloj biológico tarde bastante en adaptarse.
Muchas personas asumen que sentirse así forma parte del viaje y que no hay mucho que hacer. Sin embargo, algunos pequeños cambios antes de despegar pueden ayudarte a descansar mejor y reducir el impacto del cambio horario cuando llegues a tu destino.
Dormir en un avión nunca será igual que dormir en una cama, pero puedes acercarte bastante
La mayoría de los vuelos largos se realizan en un entorno que no favorece precisamente el descanso. Hay ruido constante, cambios de iluminación, movimiento, personas caminando por el pasillo y un asiento que difícilmente ofrece la comodidad necesaria para dormir varias horas seguidas.
Aun así, el objetivo no debería ser dormir ocho horas perfectas. Basta con conseguir un descanso de calidad durante parte del vuelo para notar una diferencia importante al aterrizar.
Uno de los errores más habituales es intentar mantener exactamente la misma rutina que tendríamos en casa. Muchos pasajeros pasan horas viendo películas, revisando redes sociales o trabajando hasta que el cansancio los vence. Cuando finalmente intentan dormir, el organismo sigue completamente activo y resulta mucho más difícil conciliar el sueño.
En cambio, si el vuelo coincide con la noche en tu destino, puede ser una buena idea comenzar a adaptar tu cuerpo desde el momento en que subes al avión. Reducir el uso de pantallas, bajar la intensidad de la luz y tratar de relajarte ayuda a que el organismo empiece a prepararse para descansar.
No siempre conseguirás dormir profundamente, pero incluso pequeños periodos de sueño pueden marcar una gran diferencia cuando llegues.

El asiento influye mucho más de lo que parece
Elegir asiento suele convertirse en una decisión basada únicamente en tener ventana o pasillo, pero cuando hablamos de vuelos de larga duración esa elección también influye en la calidad del descanso.
Quienes prefieren dormir suelen sentirse más cómodos junto a la ventana, ya que pueden apoyar ligeramente la cabeza y evitan que otros pasajeros los despierten constantemente para salir al pasillo. En cambio, quienes necesitan levantarse con frecuencia para caminar o estirar las piernas suelen agradecer la libertad que ofrece un asiento de pasillo.
Más allá de la ubicación, también merece la pena evitar las últimas filas del avión cuando sea posible. Suelen tener menos reclinación y están más cerca de las zonas donde hay mayor movimiento de pasajeros y tripulación.
No es un detalle que vaya a transformar completamente el vuelo, pero después de diez horas cada pequeño factor suma.
La hidratación es uno de los grandes olvidados
El aire dentro de la cabina tiene una humedad muy inferior a la que encontramos habitualmente en tierra. Esa sequedad favorece la deshidratación y explica por qué muchas personas llegan con la garganta irritada, los ojos secos o un fuerte dolor de cabeza.
Curiosamente, muchas veces atribuimos ese malestar al jet lag cuando, en realidad, parte del problema tiene que ver con la falta de hidratación.
Beber agua de forma regular durante el vuelo ayuda a que el cuerpo soporte mejor tantas horas de viaje. En cambio, consumir grandes cantidades de alcohol o cafeína puede dificultar el descanso y aumentar esa sensación de cansancio al llegar.
No significa que debas renunciar al café o a una copa de vino si te apetece. La clave está en el equilibrio y en no olvidar que el agua seguirá siendo tu mejor aliada durante un vuelo largo.

El jet lag empieza a combatirse antes de aterrizar
Muchas personas intentan solucionar el jet lag únicamente cuando llegan al destino. Sin embargo, la adaptación comienza mucho antes.
Si viajas hacia Europa desde República Dominicana, por ejemplo, probablemente llegarás por la mañana o al mediodía. En ese caso, intentar dormir parte del vuelo puede ayudarte a mantenerte despierto hasta la noche local y facilitar que tu organismo empiece a adaptarse más rápidamente.
Una vez en destino, exponerte a la luz natural y evitar dormir largas siestas durante el primer día suele ser más efectivo que pasar toda la tarde descansando en el hotel. Aunque el cuerpo pida dormir, mantener un horario lo más parecido posible al del país que visitas acelera el proceso de adaptación.
Cada persona responde de forma diferente al cambio horario, pero estas pequeñas decisiones suelen marcar la diferencia entre pasar dos días completamente agotado o empezar a disfrutar del viaje desde el primer momento.
Los pequeños movimientos también forman parte del descanso
Cuando pensamos en un vuelo largo solemos imaginar únicamente el momento de dormir, pero permanecer sentado durante muchas horas tampoco ayuda al cuerpo a recuperarse.
Levantarte de vez en cuando, caminar unos minutos por el pasillo o mover ligeramente las piernas favorece la circulación y reduce esa sensación de rigidez que muchas personas experimentan al aterrizar.
También es recomendable llevar ropa cómoda que no limite el movimiento y, en algunos casos, utilizar medias de compresión si el médico las ha recomendado, especialmente en personas con factores de riesgo circulatorio.
No se trata de convertir el vuelo en una sesión de ejercicio, sino de recordar que el cuerpo también necesita moverse aunque estemos viajando.
Llegar descansado también es una forma de disfrutar más el viaje
Cuando organizamos unas vacaciones solemos dedicar mucho tiempo a elegir hoteles, restaurantes o excursiones. Sin embargo, pocas veces pensamos que el primer día del viaje puede depender en gran medida de cómo hemos dormido durante el vuelo.
Llegar con energía significa aprovechar mejor ese primer paseo por la ciudad, disfrutar más de la comida, conducir con mayor seguridad si has alquilado un vehículo o simplemente comenzar las vacaciones con mejor ánimo.
Dormir bien en un avión nunca será sencillo. Hay factores que no podemos controlar y cada persona descansa de una manera diferente. Pero preparar ese vuelo con la misma atención que preparamos el resto del viaje puede ayudarte a reducir el cansancio, minimizar el jet lag y empezar tu aventura con mucha más energía.
Al final, viajar no consiste únicamente en llegar al destino. También consiste en llegar en las mejores condiciones posibles para disfrutarlo desde el primer momento.

